
Crostata di marmellata — tarta italiana clásica de mermelada sobre pasta frolla
La crostata di marmellata es la tarta italiana de mermelada por excelencia: una tarta abierta rústica hecha con pasta frolla (masa quebrada dulce) rellena con una capa generosa de mermelada de fruta y coronada con el característico enrejado (que Pellegrino Artusi llamaba *mandorlato* en su libro de 1891). Para el lector hispanohablante, es la prima italiana de la tarta de mermelada española y la cousine cercana del rustic dessert mediterráneo que se sirve a la hora de la merienda. Uno de los postres más antiguos de Italia: la pasta frolla apareció en el siglo X tras la llegada de los comerciantes árabes con la caña de azúcar a Sicilia. La palabra *crostata* aparece por primera vez en los diccionarios italianos de 1612, del latín *crustāta* — «corteza». El receta canónica fue codificada por Pellegrino Artusi en su libro legendario «La scienza in cucina e l'arte di mangiar bene» (1891), piedra angular de la cocina italiana casera. Proporciones cruciales: harina : mantequilla : azúcar = 3 : 1,5 : 1. La mermelada de albaricoque (*albicocca*) es el relleno más tradicional, aunque la cereza, el higo, la frambuesa o los frutos del bosque son alternativas regionales habituales. El 9 de septiembre es el Día Nacional de la Crostata en Italia. Se sirve en el desayuno con espresso o cappuccino, como merienda con café, o como postre tras una comida. Artusi anota: *«Migliora dopo un giorno o due»* — mejora al día o dos, raro caso de repostería que se realza con el tiempo. Trabajo activo 30 minutos, tiempo total alrededor de 1,5 horas con el reposo de la masa. Sale 8 porciones generosas de un molde de 24 cm.
Ingredientes
- 300 gharina de trigo (tipo 00 o floja)
- 150 gmantequilla sin sal
- 100 gazúcar glas
- 2 huevos
- 1 cucharaditalevadura química
- 1 pizcasal
- 1 ralladura de limón
- 350 gmermelada de albaricoque
Preparación
- Hacer la pasta frolla. Tamizar 300 g de harina sobre una superficie limpia o en un bol grande junto con 1 cucharadita de levadura química y una pizca de sal. Cortar 150 g de mantequilla fría en cubos pequeños (1 cm). Hacer un hueco en el centro y añadir los cubos de mantequilla, 100 g de azúcar glas, la ralladura fina de 1 limón, 1 huevo entero y 1 yema (reservar la otra clara y la otra yema en boles separados — la yema es para el dorado). Con las yemas de los dedos o con un cortador de masa, integrar la mantequilla fría con la mezcla de harina hasta obtener una arena gruesa. Luego juntar rápidamente todo en una masa rústica — trabajarla lo menos posible. Indicación de Artusi: *«fate di tutto un pastone maneggiandolo il meno possibile»* — formar todo en una masa manipulándola lo menos posible. Trabajar de más activa el gluten y endurece la corteza.
- Reposo de la masa. Formar un disco plano con la pasta frolla (así se estira más fácil después), envolverlo bien con film y refrigerar al menos 1 hora, idealmente toda la noche. El reposo es crucial: permite que el gluten se relaje y la mantequilla se vuelva a solidificar, haciendo la masa mucho más fácil de estirar sin romperla. La masa se puede hacer con 2 días de antelación o congelar hasta 2 meses.
- Preparar el molde y estirar la base. Precalentar el horno a 180°C. Engrasar un molde redondo de 24 cm con base desmontable — o un molde de cerámica para tarta si no se tiene. Sacar la masa del frigorífico 15-20 minutos antes de estirarla para que ablande ligeramente. Dividir la masa en dos partes: unas 2/3 para la base, 1/3 para el enrejado. Devolver la parte más pequeña al frigorífico mientras se trabaja con la grande. En una superficie ligeramente enharinada (o entre dos hojas de papel de horno, que es más fácil), estirar la parte grande hasta un círculo de unos 4-5 mm de grosor, ligeramente más grande que el molde. Trasladar al molde enrollándolo sobre el rodillo y desenrollándolo sobre el molde. Presionar suavemente contra el fondo y los laterales — no estirar la masa, o encogerá durante el horneado. Recortar el exceso por el borde. Pinchar el fondo con un tenedor en varios puntos para evitar que se hinche.
- Rellenar con mermelada. Repartir 350 g de mermelada de albaricoque uniformemente sobre la base, dejando 1 cm de borde libre. Si la mermelada está muy espesa, ablandarla antes calentándola suavemente con una cucharada de agua; si está muy líquida, reducirla a fuego bajo unos minutos. Artusi: *«se la conserva fosse troppo soda rammorbiditela al fuoco con qualche cucchiaiata d'acqua»*. La capa de mermelada debe tener unos 8-10 mm de grosor — generosa para ser el corazón de la tarta, pero no tanta que se desborde durante el horneado.
- Cortar las tiras del enrejado. Estirar la parte más pequeña de masa sobre una superficie ligeramente enharinada en un rectángulo de unos 3-4 mm de grosor. Con una ruedita estriada (o cuchillo afilado), cortar tiras de aproximadamente 1,5 cm de ancho. La ruedita estriada da el borde decorativo tradicional — la *rotella tagliapasta* de los panaderos italianos. Se necesitarán unas 10-12 tiras para una tarta de 24 cm.
- Montar el enrejado. Colocar 5-6 tiras paralelas sobre la tarta, separadas uniformemente. Luego colocar las restantes en ángulo de 90 grados (o 45 grados para un patrón de rombos más decorativo — Artusi llama a esto *mandorlato*, «patrón de almendras»). Para un enrejado tejido propiamente dicho, levantar tiras alternas de la primera capa al entretejer cada tira transversal — aunque un patrón cruzado simple sin tejido es perfectamente tradicional y más fácil. Presionar suavemente los extremos contra el borde para sellar. Recortar los excedentes. Opcionalmente añadir una tira fina alrededor de todo el borde como banda de acabado — Artusi recomienda: *«coprite l'estremità delle strisce con un cerchio all'ingiro fatto colla pasta rimanente»*.
- Pintar con yema y hornear. Batir la yema reservada con 1 cucharadita de leche y una pizca minúscula de sal. Pincelar suavemente las tiras del enrejado con una brocha de cocina blanda — esto da el característico acabado dorado y brillante que distingue una crostata casera de una industrial. Colocar la tarta en la rejilla central del horno precalentado y hornear a 180°C durante 30-40 minutos, hasta que el enrejado esté de un dorado profundo y la mermelada burbujee suavemente en el centro. La base debe estar completamente cocida y dorada al comprobarla con una pequeña espátula.
- Enfriar y reposar. Dejar enfriar la crostata completamente en el molde sobre una rejilla — al menos 1 hora — antes de desmoldarla y servirla. Esto es esencial: cortarla demasiado pronto hace que la mermelada se corra y la corteza se desmorone. Para la experiencia auténtica, seguir el consejo de Artusi: cubrir sin apretar y dejarla reposar a temperatura ambiente toda la noche. La crostata «mejora al día o dos» mientras los sabores se funden, la pasta frolla se asienta en su textura quebradiza adecuada, y la mermelada termina de infundir la corteza en la unión. Servir a temperatura ambiente, nunca caliente, con espresso, cappuccino (antes de las 11 de la mañana por tradición italiana), Vin Santo o un simple vaso de leche fría. Espolvorear ligeramente con azúcar glas justo antes de servir para el aspecto clásico de pasticceria. Se conserva 3-5 días a temperatura ambiente bajo una campana de cristal o cubierta con un paño limpio — nunca con film transparente, que retiene la humedad y ablanda la corteza.
Preguntas
La crostata di marmellata («tarta de mermelada» en italiano) es una tarta abierta rústica hecha con pasta frolla (masa quebrada dulce), rellena con mermelada espesa de fruta y coronada con el característico enrejado — que Pellegrino Artusi llamaba *mandorlato* («patrón de almendra») en su libro de 1891. Uno de los postres más amados y extendidos en Italia, presente en cada pasticceria, trattoria, tienda de comestibles y cocina doméstica. Se come en el desayuno con café, como merienda, o como postre tras una comida — un dulce universal para cualquier ocasión. Para el lector hispanohablante, es la prima italiana de la tarta de mermelada española, perfecta para la merienda de la tarde. Historia: la pasta frolla, base de la crostata, surgió en el siglo X tras la llegada de los comerciantes árabes con la caña de azúcar a Sicilia. La palabra «crostata» aparece por primera vez en los diccionarios italianos de 1612 y 1617 (en «Il memoriale della lingua italiana»), del latín *crustāta* — «corteza». Considerada uno de los postres italianos más antiguos. La receta canónica fue codificada por Pellegrino Artusi en su libro legendario «La scienza in cucina e l'arte di mangiar bene» (Ciencia en la cocina y el arte de comer bien, 1891), la piedra angular de la cocina italiana doméstica — un equivalente italiano de los grandes recetarios costumbristas españoles. Artusi dio tres recetas de pasta frolla (A, B, C) con diferentes proporciones de grasa y azúcar, y en la receta #616 «Crostate» recomendó específicamente la *ricetta C* — la versión más fina y delicada. El 9 de septiembre es el Día Nacional de la Crostata en Italia (Giornata Nazionale della Crostata), confirmando su importancia en la identidad culinaria nacional. Tradiciones regionales: en Toscana, la crostata es fina, con mermeladas de fruta de la conserva estival (cereza, albaricoque, higo); en Lazio, la famosa *crostata di visciole* con cereza ácida y a veces ricotta; en Sicilia y el sur, se usa manteca (*strutto*) en lugar de o además de la mantequilla, dando una textura más quebradiza; en Emilia-Romaña, crostata con mermelada casera de grosella. Tradición familiar: la crostata es el postre que cada *nonna* italiana hace según su propia receta, transmitida de generación en generación. Es el «postre de la abuela» en el sentido más cálido — una repostería sencilla, hogareña y nostálgica asociada a la infancia y las comidas dominicales en familia. Muchos italianos admiten que ninguna crostata es tan buena como la de la nonna. Popularidad moderna: la crostata di marmellata forma parte del desayuno italiano estándar junto al espresso, la moka o el cappuccino. Existe la frase característica: *«la crostata della nonna»* — «la crostata de la abuela», significando el sello máximo de calidad. También hay crostate industriales en supermercados (Mulino Bianco y otras), pero no se comparan con la versión casera. Artusi anota específicamente: *«Migliora dopo un giorno o due»* — «mejora al día o dos». Es cierto: tras una noche de reposo, la pasta frolla se estabiliza, la mermelada se infunde en la corteza, los sabores se funden. Paralelos con otros países: la *tarte aux abricots* francesa (más fina, sobre pâte sucrée); la *Bakewell tart* inglesa (con frangipane y mermelada); la *Linzer Torte* alemana (con especias y almendras); la *lattice pie* americana (más profunda, con fruta cruda); la tarta de mermelada española casera. La crostata italiana destaca por la textura de su pasta frolla — más quebradiza, más arenosa, más parecida a una galleta que a una masa quebrada crujiente.
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