
Kürbissuppe: sopa alemana de calabaza Hokkaido
La Kürbissuppe es la sopa de calabaza que se come en Alemania de septiembre a noviembre, hecha con calabaza Hokkaido, cebolla, jengibre y un poco de nata. La Hokkaido entra en la olla sin pelar: su piel es fina, se deshace por completo en veinte minutos de cocción y guarda buena parte del color y de ese sabor a castaña que distingue esta sopa de una hecha con butternut pelada. Los dados de calabaza se doran primero en mantequilla, porque si no el dulzor se queda sin base. Se termina en la mesa con pipas tostadas y una cucharada de aceite de pipas de calabaza, verde oscuro.
Ingredientes
- 1 kgcalabaza, variedad Hokkaido
- 1 cebolla
- 2 dientesajo
- 20 gjengibre
- 30 gmantequilla
- 700 mlcaldo de verduras
- 150 mlnata para montar
- 2 cdtazumo de limón
- 1 pizcanuez moscada
- 1 cdtasal
- ½ cdtapimienta negra
- 2 cdapipas de calabaza
- 2 cdtaaceite de pipas de calabaza
Preparación
- Tuesta primero las pipas de calabaza en la olla seca, a fuego medio, tres o cuatro minutos, hasta que se hinchen y empiecen a saltar. Pásalas a un plato. Hazlo ahora, porque con la sopa en marcha no vas a querer vigilar una segunda sartén, y las pipas se queman en lo que tardas en abrir la puerta.
- Friega la Hokkaido con un cepillo bajo el grifo, quita el rabillo, pártela por la mitad y saca las semillas y las hebras del centro con una cuchara. No la peles. La piel de la Hokkaido es fina, se ablanda del todo en veinte minutos de cocción y lleva buena parte del color y del sabor a castaña. Corta la pulpa en dados de unos 3 cm. Deberías tener unos 900 g.

- Pica la cebolla en dados, pica el ajo y ralla el jengibre por el lado fino del rallador. Derrite la mantequilla en una olla ancha a fuego medio y cocina la cebolla cinco minutos, hasta que esté blanda y transparente pero sin coger color. Añade el ajo y el jengibre un minuto más, no más tiempo, o el ajo amarga.
- Sube el fuego, echa los dados de calabaza y déjalos quietos dos minutos; luego remueve y vuelve a dejarlos. Buscas manchas tostadas al menos en parte de las caras cortadas. La calabaza simplemente hervida sabe plana y dulce; ese dorado es lo que le pone un suelo salado debajo.

- Añade caldo hasta justo por debajo del nivel de la calabaza, unos 600 ml, y reserva el resto. Echa la sal. Tapa y cuece a fuego suave 20 minutos. Está lista cuando el cuchillo atraviesa un dado, piel incluida, sin ninguna resistencia. Si la piel todavía agarra la hoja, dale cinco minutos más: cruda se tritura en motitas naranjas que ya no se van.
- Tritura con la batidora de mano dos minutos completos, moviéndola por toda la olla. La piel tarda mucho más en deshacerse que la pulpa, y con treinta segundos consigues algo que parece liso en la olla y resulta arenoso en la boca. Mantén la cuchilla bajo la superficie si no quieres el techo naranja.
- Incorpora la nata a fuego bajo, después la nuez moscada, la pimienta y el zumo de limón. El limón no está para que sepa a limón: sin acidez la sopa se lee como un postre. Comprueba la textura: debe caer de la cuchara en cinta, no en bloque. Si va espesa, aflójala con el caldo reservado.
- Sirve en cuencos, reparte las pipas tostadas y echa el aceite de pipas por encima, media cucharadita por plato, en espiral fina para que el verde se vea sobre el naranja. El aceite va fuera del fuego y nunca dentro de la olla: al calentarse pierde el tostado y se vuelve de un gris turbio.
Preguntas
No, y es mejor no hacerlo. La piel de la Hokkaido no llega a dos milímetros y se deshace por completo en unos veinte minutos de cocción, y justo debajo está buena parte del naranja intenso. Pelarla te cuesta veinte minutos de trabajo y te deja una sopa más pálida y sosa. Esta es la diferencia real con una sopa de butternut o de calabaza moscada, cuya piel es dura y hay que quitarla con pelador antes de nada, como ocurre en la sopa de calabaza butternut. A la Hokkaido le basta un cepillado, porque entra en la olla tal como salió del campo.
Casi siempre por echar demasiado caldo al principio. Un kilo de Hokkaido suelta mucha agua propia en cuanto se tapa y se calienta, así que una olla que en el minuto uno parece medio vacía está llena en el minuto quince. Echa caldo hasta justo por debajo del nivel de la calabaza, unos 600 ml por kilo, y guarda el resto en la jarra. La segunda causa es triturar poco: una sopa mal triturada se separa en el plato y parece líquida aunque no lo sea. Dos minutos de batidora de mano, no veinte segundos.
Sí. Aceite de colza en lugar de mantequilla y 150 ml de leche de coco entera de lata en lugar de nata, incorporada en el mismo momento y sin dejar que hierva. La sopa queda algo más dulce y coge un punto de coco que se lleva mal con la nuez moscada, así que quita la nuez moscada y cambia el limón por lima. La nata de avena se queda más cerca del original alemán; es más ligera, así que usa 180 ml y deja que la sopa borbotee un minuto para que ligue.
El aceite de pipas de Estiria se prensa en el sur de Austria y tiene denominación de origen protegida desde 1996, así que fuera de la Europa de habla alemana es raro y caro. El sustituto más cercano en una cocina normal es el aceite de sésamo tostado: el mismo registro tostado y algo amargo, pero echa menos porque suena más fuerte. El aceite de nuez también sirve y habla más bajo. Si no tienes ninguno, dora 20 g de mantequilla hasta que huela a avellana, déjala enfriar un minuto y échala por encima. El que no funciona es el de oliva: contra la calabaza dulce se vuelve picante y duro.
Con pan, casi siempre, y a ser posible con una corteza que merezca la pena arrancar: un panecillo, centeno oscuro o un pretzel tibio partido y mojado en la sopa. En Baviera suele salir junto a un Obatzda y rabanitos como primer plato antes de un asado. Un martes de octubre es la cena entera: sopa, pan y nada más. En algunas casas añaden torreznos o una cucharada de crème fraîche, aunque con el aceite de pipas encima a mí las dos cosas me sobran.
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