
Provoleta (provolone argentino a la parrilla)
La provoleta es lo que abre un asado argentino: un disco grueso de provolone sellado en una sartén pequeña de hierro fundido hasta que por fuera se forma una costra dorada y por dentro se vuelve fundente. El orégano seco y los copos de chile van antes del fuego, y el chimichurri por encima después. No tiene nada de complicado: todo el arte está en lograr la costra antes de que el queso se derrumbe, y comerlo directo de la sartén con pan.
Ingredientes
- 400 gprovolone
- 2 cdtaorégano seco
- 1 cdtacopos de chile
- 4 cdaaceite de oliva
- 1 manojoperejil
- 3 dientesajo
- 2 cdavinagre de vino tinto
- 1 piezapan crujiente
Preparación
- Corta el provolone en un disco grueso, de unos 1,5–2 cm. Déjalo destapado en un plato una o dos horas para que la superficie se seque: eso es lo que permite que se forme costra en vez de que el queso se desparrame.
- Prepara el chimichurri: pica fino el perejil y el ajo, mezcla con el vinagre de vino tinto, casi todo el aceite de oliva, la mitad del orégano, una pizca de copos de chile y sal. Reserva para que macere.
- Presiona con firmeza el resto del orégano seco y los copos de chile sobre ambas caras del queso para que se adhieran.
- Calienta una sartén pequeña de hierro fundido, apenas mayor que el queso, a fuego medio-alto hasta que esté bien caliente, y añade un poco de aceite de oliva.
- Coloca el queso y cocínalo sin moverlo 3–4 minutos, hasta que la parte de abajo forme una costra bien dorada y los bordes empiecen a burbujear.
- Dale la vuelta con cuidado con una espátula ancha y cocina el segundo lado 2–3 minutos, hasta que esté costroso por fuera y fundente por dentro. No lo lleves más allá o se convierte en un charco de aceite.
- Vierte el chimichurri por encima y sirve enseguida, directo de la sartén, con pan crujiente troceado para mojar.
Preguntas
La provoleta es un queso argentino semiduro creado hacia los años 40 específicamente para la parrilla: aguanta su forma con el calor en vez de correrse. Fuera de Argentina es difícil de encontrar, pero una rodaja gruesa de provolone curado y picante, cortada de una pieza en el mostrador, es el sustituto estándar y muy bueno. Pide rodajas de 1,5–2 cm. El provolone joven y suave se funde mucho más rápido y cuesta más controlarlo.
Ayudan tres cosas. Córtalo grueso, al menos 1,5 cm, para que tenga cuerpo. Deja que las caras cortadas se sequen al aire una o dos horas, lo que ayuda a formar una piel. Y usa una sartén pequeña de hierro fundido bien precalentada, para que la costra cuaje rápido y el queso quede contenido en vez de extenderse fino. Cocínalo breve y fuerte, no despacio: el objetivo es costra fuera mientras el centro apenas se vuelve fundente.
No, pero la sartén importa. Tradicionalmente la provoleta se hace en una provoletera, una pequeña fuente baja de hierro fundido del tamaño del queso, sobre brasas. En casa, una sartén pequeña de hierro fundido apenas más ancha que el queso funciona igual de bien, porque el hierro retiene y reparte el calor de forma pareja. Vale una plancha o cualquier sartén pequeña apta para el horno. Lo que hay que evitar es una sartén grande, donde el queso se extiende y se quema antes de que el centro se funda.
El chimichurri es la salsa de hierbas argentina clásica: perejil y ajo picados finos con orégano, copos de chile, vinagre de vino tinto y aceite de oliva. Su acidez y su punta cortan de lleno la untuosidad del queso fundido, por eso el maridaje es tan estándar. No es estrictamente obligatorio —la provoleta solo con orégano y chile es del todo tradicional— pero una cucharada de chimichurri o salsa criolla hace el plato mucho más equilibrado.
Se sirve al momento, directo de la sartén caliente, como entrada del asado mientras la carne sigue en la parrilla. El pan crujiente es el compañero imprescindible, troceado para recoger el queso fundido. Salsa criolla, pan a la parrilla, pimientos asados o un hilo de miel son añadidos comunes. Es contundente, así que un trozo pequeño por persona basta, y una copa de Malbec es el acompañamiento tradicional.
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